El Amo Juega al Esclavo Para Todos Todo, Nada Pare Nosotros

El Amo Juega al Esclavo Para Todos Todo, Nada Pare Nosotros

INTRODUCCIÓN
En América Latina el desarrollo capitalista nace a partir de la dicotomía centro-periferia. Así los países ingresan al sistema mundial de manera muy distinta a como lo hacen los países europeos. Durante el transcurso del siglo XX, la finalización de la Segunda Guerra Mundial como hecho rutilante, marca la transición hacia una nueva forma de entender el mundo, sobre todo en lo que hace a las teorías de derecho internacional. La caída de la perspectiva idealista dio paso al apogeo de la concepción realista, los estados son los ejes actuantes exclusivos y excluyentes en cualquier análisis exterior como interior.

Hoy el proceso de globalización define nuevamente a los estados y a sus agentes internos. Este nuevo proceso de inserción de los países del sistema mundial a partir de la globalización ha cambiado la forma de acción de los mismos. Hoy estos son Estados administrativos encargados de la reproducción del sistema capitalista.

“En suma lo que estamos presenciando es, al mismo tiempo, la soberanía compartida en la gestión de los principales temas económicos, medio ambientales y de seguridad, y, por otra parte, el atrincheramiento de los estados-nación como componentes básicos de esta enmarañada red de instituciones políticas. Sin embargo el resultado de este proceso no es el reforzamiento del estado-nación, sino la erosión sistémica de su poder a cambio de su perduración”

Las nuevas formas de estructuración de los actores y de los sujetos sociales a partir de esta nueva transformación, generan en América Latina diferentes matices de soberanía que son muy distintos a los existentes en el modelo anterior. Es así que la soberanía sufre cuestionamientos que la hacen tambalear, tanto hacia adentro cómo hacia afuera; de esta manera acciones como la descentralización o la regionalización surgen como posibles respuestas. La contracara, es que al interior de los países la idea de profundizar la legitimidad otorgándole más presencia a municipios o provincias, genera la aparición de identidades no nacionales (entendido en términos del conjunto de dirección de la nación), como son el caso de ONG´s, o la creciente capacidad que adquieren los municipios para negociar con organismos internacionales, o con otros países. El Estado se convierte entonces en una entidad no soberana, un nodo donde circula el poder. Con ayuda de Foucault:
“El poder funciona. El poder se ejerce en red, y en ella, los individuos no sólo circulan, sino que están siempre en situación de sufrirlo y también de ejercerlo... el poder transita por los individuos, no se aplica a ellos” . Por lo tanto, las identidades que se reconstituyen gracias a la pérdida de injerencia del Estado central, se interpelan como entidades soberanas y disputan directamente las redes de poder: dicha concepción de soberanía reside esencialmente en la manifestación de las singularidades propias que no tienen un lugar de representación en el interés nacional.

Surge así nuestra idea fuerza que va en contra del aporte de Imperio y su concepción de multitud. En línea con el aporte de Holloway, la idea de construcción del sujeto pueblo se relaciona con el poder-hacer, es decir, la acción directa sobre el plano de la realidad; capacidad originada cuando niega su humanidad (la construcción histórica). El pueblo se constituye a partir de la identificación de un concepto particular identidad / no-identidad, con el fin de buscar en él una forma de articulación y emanciparse de las cadenas que lo someten. Cuestiona así, y esto es otro de los puntos que abordaremos, la forma en que irrumpe la Soberanía hacia el interior de los estado-nación durante la modernidad.

Este sujeto histórico, que se forma como tal a partir de su acción, logra esa voluntad común; en Latinoamérica se pueden observar varios movimientos que dan cuenta de esta idea (MST de Brasil, EZLN, OLP). Para este trabajo decidimos centrarnos en el caso del desarrollo del EZLN y sus nociones de soberanía, pueblo y poder.

DESARROLLO
Pueblo como sujeto de acción
“El vínculo entre el concepto de nación y el concepto de pueblo fue, en verdad, una potente innovación y constituyó el centro... con todo lo que parece revolucionario en esta noción de soberanía nacional, popular, no es en realidad más que otra vuelta de tuerca, una extensión adicional del sometimiento y la dominación que implicó desde el comienzo el concepto de soberanía”

El autor identifica el concepto de pueblo como una respuesta a la crisis de soberanía que no logra superar la idea de nación. Según Negri, en un primer momento es la crisis de la modernidad la que da paso a la nación, una idea que tiene como objetivo volver a lograr la homogenización del territorio y la población en donde se ostenta el poder. En una segunda instancia, frente a la crisis que se produce de la idea de nación, la idea de unificación que la sigue es la de pueblo. Este concepto aparece así ligado al mantenimiento y reproducción del desarrollo del capitalismo quitándole cualquier contenido revolucionario y emancipatorio, es para él sólo producto de una regresión lógica que se naturaliza. Pero esta es una de las primeras diferencias que podemos observar entre lo que se puede denominar una visión más eurocéntrica y una visión más latinoamericana. No son pocos los movimientos que permiten identificar en América Latina una idea de pueblo que mantiene las formas de acción colectivas constituyendo un sujeto social, es decir, que las particularidades no lo convierten en un concepto homogéneo y subordinable, fácilmente sometible como argumenta el autor. Son estas particularidades subyacentes que se unifican hacia un concepto de voluntad colectiva las que cuestionan el sometimiento...
“El pueblo nunca es sino que es un hacerse pueblo, o sea, sujeto. Ser pueblo significa tener una voluntad común como articulación de miles de millones de voluntades expresadas, no meramente por individuos, por particulares, sino por colectividades, por grupos que se construyen como sujetos...”

La forma que adquiere el concepto de pueblo no es a partir, como dice el autor, de un manto de igualdad que ignora las tensiones propias de las distintas identidades haciendo que esa unión sea precaria, sino que se arraiga profundamente en ellas y su guía es la unión de esas diferencias en términos de una dirección de carácter más universal.

Negri le quita al pueblo toda práctica revolucionaria diciendo que esta posee un carácter reaccionario gracias a la uniformidad que implica este concepto. Cómo resultado de una creación ilusoria que es el término de nación, argumenta que la identidad está construida por ella, que los rasgos culturales, de lenguaje y étnicos no son más que unificaciones creadas por la modernidad.
“En los países subordinados la multiplicidad y la singularidad de las multitudes terminan por negarse al quedar encorsetadas en la identidad y la homogeneidad del pueblo. Una vez más, el poder unificador de la nación subalterna es un arma de doble filo, a la vez progresista y reaccionaria”

Para subsanar la negatividad del término pueblo, introduce la categoría de multitud conformándola como un momento constitutivo (que puede hacer). Le otorga una validez originada por las relaciones sociales de producción del capitalismo global, es decir, que es el germen de su destrucción en tanto es producto de él. A eso, le agrega una supuesta cintura para no ignorar las diferentes dimensiones de la multiplicidad de singularidades bajo un manto de igualdad; suscita aquí la diferencia con la concepción de pueblo: la suma de voluntades en conflicto que son independientes y cuyo carácter es el de ser una imagen constituida por el espíritu de nación. Dicha construcción borra la característica autóctona de los pueblos en pos de una identidad nacional de carácter servicial y dominada.

A diferencia de lo que plantea el autor, entendemos que la construcción de pueblo es constituyente de sujeto histórico, es decir, como aquel que produce el cambio a partir de la articulación de las particularidades en un sentido de voluntad colectiva, que se aferra a su historia e identidad que surgen de las tradiciones y son producto de su capacidad creativa. El concepto pueblo no obedece a una creación de la modernidad, aunque el autor así lo prefiera, posee sus propias banderas y cultos que preceden al sistema de estado-nación propio de la modernidad. La principal diferencia reside en que creemos que la multitud disgrega y no unifica; las diferentes singularidades no pueden unificarse como algo ajeno a la formación de un colectivo y esta es la falla que vemos, pensamos que esa función si la hacen los pueblos en el momento en que desarrollan su quehacer político: la resistencia no es éxodo, es luchar contra el poder.

Nuestra idea es, en consonancia con el planteo zapatista, que el pueblo debería ser subyacente al concepto mismo; no hay que articular diferentes singularidades en pos de una construcción colectiva, sino que hay que partir de un ideal de pueblo que consiga movilizar a todo el conjunto.

Tampoco creemos que esta idea entre en contradicción con el planteo de la no-identidad de Holloway debido a que ella puede tomarse como el carácter común del que todos forman parte (constituirse como sujeto de acción). Negar la construcción histórica no implica no formar una identidad colectiva dentro de una comunidad, el planteo que sale desde Chiapas es la configuración de una resistencia que se plantee a partir de la dignidad y de la diferencia entre explotados y excluidos.
Pero para dar mayor profundidad a estas ideas, hay que acercarse al proyecto político zapatista.

Zapatismo
“La cuestión indígena no tendrá solución si no hay una transformación RADICAL del pacto nacional. La única forma de incorporar, con justicia y dignidad, a los indígenas de la nación, es reconociendo las características propias en su organización social, cultural y política. Las autonomías no son separación, son integración de las minorías más humilladas y olvidadas en el México contemporáneo.”

El movimiento zapatista produce una resignificación en las nociones de integración, ya que se somete a las direcciones de las bases indígenas proponiendo que ellas gocen del grado de autonomía que les corresponde, pedido que choca con la idea de nación y monopolio de la soberanía que resguarda el Estado central. A su vez, promueve una forma de discusión y toma de decisiones de características plenamente horizontales de reconocimiento mutuo. La disputa con los nodos de poder, que abarca al sistema estatal, comienza a partir de la toma de una identidad que ha sido rezagada así como humillada por el Estado y por las formas en que este administra las políticas de reproducción capitalista. Es así que el movimiento nacional rompe con las formas tradicionales de acción motivando, no la conquista de puntos de poder en términos objetualizables, sino que planteando su disolución para generar espacios de anti-poder. Su característica revolucionaria como sujeto histórico de acción del pueblo mexicano es la construcción de este como una no identidad (emancipar una no- identidad oprimida ) que es invisible y rebelde. La manera de solucionar la tensión que esta red de poder supone, es planteada por el movimiento a partir de la asimilación de un cuerpo teórico universal, como es la categoría de dignidad humana, que borra las identidades particulares (ser mujer, ser obrero, ser campesino), para responder a esa situación de oprimidos.

Entonces, el desarrollo práctico del EZLN tiene una transformación radical de la concepción de soberanía, ya que desde la óptica zapatista, la soberanía que detenta el pueblo implica una capacidad de transformación mucho más profunda que la que indica la visión occidental del término. Visiones como las de Negri dan una idea de que es el Estado el que tiene capacidades creativas sobre los sujetos sociales haciéndolos maleables a sus intereses. Según el autor los límites de la revolución inmanente son resueltos por la característica trascendental que toma el Estado en la modernidad, es así que el sujeto pueblo no es más que un concepto vacuo, que opera su capacidad soberana en la mera reproducción del sistema de partidos.

El zapatismo plantea una visión completamente diferente, la soberanía reside pura y exclusivamente en el pueblo como momento de acción que transforma, declaran que:
“se le retira al gobierno federal la custodia de la Patria, La Bandera de México, la ley suprema de la Nación, el Himno Mexicano y el Escudo Nacional estarán ahora bajo el cuidado de las fuerzas de la resistencia hasta que la legalidad, la legitimidad y la soberanía sean restauradas en todo el territorio nacional.”

El Estado pierde hasta el ejercicio de la acción directa incluso hasta en el territorio nacional, debido a que no es un elemento inmanente al mismo, sino que es una delegación de las identidades que constituyen la nación mexicana en el hacerse pueblo. A diferencia de lo que se puede inferir del planteo de Antonio Negri, no creemos que la homogeneización social implique una pasividad de hecho político, la característica emancipadora sigue residiendo en el sujeto y en su niveles de creación, el pueblo que resiste frente al modelo de imperio no es difuso. Es la forma en que el zapatismo se organiza por fuera del proletariado global lo que deja su perspectiva renga en cuanto al análisis de esta parte del mundo; la forma de capital global no logra homogeneizar a estas subjetividades en términos de no acción, mucho menos separarlas de su formación cultural originaria que es lo que, en última instancia, es el motor que origina una resistencia en cuanto comunidad contra un orden que se inscribe en todos los aspectos de la vida social. No se puede dejar de destacar que dentro del término “pueblo” se incluye a aquellos que apoyan y que no forman parte de aquello que origina, mantiene y reproduce las diferencias: el mal gobierno. Esta división no es impuesta arbitrariamente, sino que esta atravesada por el ideal de humanidad digna, una condición que es de carácter objetivo. A esto se hace referencia cuando Marcos apela a la “sociedad civil”, todo aquel que está en la búsqueda de este modelo universal (¡invitando incluso hasta a los extraterrestres!)

Desde la óptica de Holloway, la idea de la construcción de pueblo esta enmarcada en la constitución del hecho político, como personas comunes, lo que los zapatistas denominan “rebeldes”.
“Lo que es oprimido y resiste no es sólo un quién sino un qué. Los oprimidos no son sólo grupos particulares de personas... sino también aspectos particulares de todos nosotros: nuestra confianza, nuestra sexualidad…” ; se es un sujeto que todo el tiempo lleva adelante una lucha antagónica en la esfera interna, la rebeldía. Resulta pertinente marcar la importante diferencia terminológica que el autor atribuye a los conceptos de contra-poder y anti-poder: el primero es el concepto tradicional de revolución. La idea de tomar el poder para abolirlo no puede superar a la vez la lógica misma del poder (sería cambiar una posición ideológica por otra). El concepto de anti-poder apunta a una disolución del poder, no a su conquista, para superar directamente a las relaciones mismas que este implica. Para lograr un cambio no se puede tomar el poder desde una particularidad, ya que eso equivaldría a cambiar meramente de figura dominante. Cambiar el mundo sin tomar el poder requiere manejarse externamente a la lógica del poder, y eso es lo que persigue el anti-poder
“Este es, entonces, el desafío revolucionario a comienzos del siglo veintiuno: cambiar el mundo sin tomar el poder. Este es el desafió que se a formulado más claramente con el levantamiento zapatista en el sudeste de México. Los zapatistas han afirmado que quieren hacer el mundo de nuevo, que quieren crear un mundo de dignidad, un mundo de humanidad, pero sin tomar el poder”

Asimismo algo particular del movimiento zapatista es la forma de extender la resistencia hacia un nivel global partiendo de sus características de oprimidos. Cuando se reconocen humillados y ven que la dignidad está siendo avasallada entienden que es una consecuencia de la forma en que se introdujo el capitalismo y de como este, constituyó a los sujetos sociales y corrompió la dirección nacional. El concepto de soberanía intenta ser resignificado por el sistema para solucionar una crisis interna, generada por él mismo. Es allí donde se plantea la rebelión zapatista, reclamando ese resquicio en función de característica como mexicanos; es prerrogativa de ellos y no una construcción ficticia que toma el sistema transformándola mientras se la devuelve en términos trascendentales (no solo es ir a votar). De esta forma no solo hay una “globalización neoliberal, (sino también) hay una globalización de la rebeldía.”

CONCLUSIÓN
El zapatismo es la opción de soberanía del pueblo constituido como antagónico al mal gobierno desde el momento en el que se identifica como una opción de la comunidad que crea relaciones horizontales y se constituye en el momento de la acción. El pueblo se erige como sujeto histórico, es decir, como aquél que produce el cambio a partir de la articulación de las multiplicidades de la multitud en un sentido de voluntad colectiva. El gran aporte del EZLN es la forma en que se disputa el poder desde una posición de resistencia, llevando como bandera las identidades que constituyen al pueblo. Para lograr esto es estrictamente necesario reformular el lugar en donde la modernidad ubicó al concepto de soberanía. El antagonismo entre Antonio Negri y el zapatismo queda en evidencia cuando estos últimos le “retiran” la soberanía al Estado. La soberanía es del pueblo, desde el momento en que este se vuelve sujeto histórico de decisión y autodeterminación, y no es el resultado de una solución producto de la revolución burguesa que instaura la modernidad. Al circular el poder en redes constituidas, estando los sujetos atravesados por ellas, la resistencia a nivel local es una resistencia a nivel global, porque se cuestiona aquello mismo que incide sobre la construcción del sujeto social.

A partir de aquí hay una nueva redefinición de los sujetos que actúan, debido a que justamente hacen en la construcción del hecho social. Transforman las realidad y la hacen propia. Este devenir no se les aparece como su decadencia.

A partir de este análisis entendemos que las categorías y las formas en que el autor de Imperio las fundamenta, no se corresponden con una perspectiva latinoamericana, en particular por la noción que aquí se tiene del pueblo y el carácter positivo de valoración que conlleva. En todas las luchas por las reivindicaciones latinoamericanas fue siempre el opositor directo a las formas de dominio e intromisión del capital, así como también de sus detentores. Al poder observar que hay quienes poseen y reproducen el Capital es que se puede hablar de un conjunto de cabezas visibles (y de ninguna forma difusas) del imperialismo que lo controlan a escala global, circunstancia que puede rastrearse desde la segunda revolución industrial; no es lo mismo la realidad europea que el día a día que se vive en esta región del mundo.

BIBLIOGRAFÍA
Castells, M.: “La era de la información. La sociedad red” Tomo 1, Cáp. 5 (1999)

Negri, T. y Hardt, M.: “Imperio”, Caps. 4, 5, 11, 12, 13 y 15 (2002)

Holloway, J.: “Cambiar el mundo sin tomar el poder2, Caps. 3, 5 y 9 (2002)

Dri, R.: ‘Antonio Negri o la evaporación de la dialéctica` (ensayo) en http://www.rebelion.org/sociales/dri220802.htm (2002)

Tercera Declaración de la Selva Lacandona, Ejercito Zapatista de Liberación Nacional en http://www.cedoz.org/basicos/indi_basicos1.htm

Sexta Declaración de la Selva Lacandona, Ejercito Zapatista de Liberación Nacional en http://www.cedoz.org/basicos/indi_basicos1.htm

Foucault, M.: “Defender la sociedad”. Curso en el Collage de France: 1975-1976, Clase del 14 de enero de 1976 y del 17 de marzo de 1976 (2001[1997])